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El Cóndor Pasa

PALOMAS VIAJERAS QUE INCUBARON UN CÓNDOR


Resulta sorprendente y revelador hablar de la música y de los textos que acompañan a una melodía como viva expresión del sentimiento humano. En esta perspectiva debemos recordar dos expresiones universales. Una de ellas dice: “La música se ha hecho para lo inexpresable.” lo dijo el músico francés Claude Debussy, cuyas innovaciones armónicas abrieron el camino de los radicales cambios musicales del siglo XX. La otra frase nos dice “Sin música la vida sería un error”, lo sustenta el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien realizó una crítica exhaustiva de la cultura, la religión y la filosofía, mediante la deconstrucción de estos conceptos. En estos pensamientos universales se suscitan interrogantes y nos preguntamos qué es lo mágico de algunos fragmentos musicales que misteriosamente se instalan en la memoria, o qué significado profundo o cotidiano habita en un verso que, al oírlo, crea un mundo de posibilidades en el pensamiento.

En esa perspectiva se halla la importancia de la obra musical “El Cóndor Pasa”. En su evolución esta obra, bella y envolvente, se producen dos momentos fundamentales:
Primero: Desde el apogeo de la cultura musical de la Nación Inca, hasta 1912. Se le define como “La Supervivencia de la percepción auditiva en la memoria migratoria del canto autóctono en el Perú”.
Segundo: Desde el año 1913 hacia adelante. Se le define como “La aparición del nombre y el deslumbramiento.”
Veamos:
1.3 PRIMER MOMENTO
Existen centenares de melodías autóctonas, diseminadas desde civilizaciones antiguas, en la vertiente popular de las zonas como Huancavelica, Ayacucho, Cuzco, Huánuco, Jauja y Tarma, dentro del territorio peruano. Muchas de estas canciones aún persisten en la memoria colectiva; en ellas se vivencian los sentimientos como expresión romántica de la gente en los diferentes sucesos de sus vidas.
Las canciones referidas, fueron concebidas en el idioma quechua, unas se hallan en estado natural con rasgos prehispánicos y, otras, de mestizaje. Su temática adherida a una estructura musical generalmente pentatónica, producía melodías muy exquisitas al oído, con signos armónicos bien logrados.
Estas canciones recogidas de la antigüedad eran (son) transmitidas de boca en boca y en el tiempo fueron cimentándose cada vez más en el pensamiento cotidiano. Esta forma de transmisión ancestral las hace perdurables en el sentimiento de su gente. En sus líricas se percibía y aun se percibe el hondo estremecimiento provocado por hechos muy significativos en sus vidas y se expresan de manera grupal, en actos corales e individuales, acompañado de instrumentos diversos como las quenas, antaras, tinyas, pinkullus, chinlilis y otros.
Entre todas ellas pudimos descubrir y rescatar algunas canciones que guardan una vinculación de similitud muy estrecha entre sí, sobretodo en sus contenidos temáticos.
Es evidente que el factor transculturación estuvo siempre presente, cuando los elementos musicales, acompañados de los textos que las componían, comenzaron a migrar entre regiones y de un lugar a otro, comprometiendo zonas diversas.
Las formas rítmicas de las civilizaciones antiguas se presentaron a manera de himnos, danzas, huaynos, yaravíes, qarawis, qachwas, etc: cantares hechos para el cultivo y florecimiento de sus campos, para sus evocaciones religiosas, para el amor, la alegría, y para sus manifestaciones de melancolía y dolor.
En este ambiente histórico emerge el folklorista recopilador y restaurador de la música indígena en el Perú, el Señor Daniel Alomía Robles, quien era poseedor de una nutrida colección folklórica, porque consagró su vida a la recuperación musical de la nación andina.
A mediados de 1912 se da el encuentro entre Daniel Alomía Robles y los franceses, esposos Paul y Marguerite D’ Harcourt, ambos investigadores y musicólogos. Alomía no reparó en mostrarles su colección folklórica. Los franceses reconocen el inmenso valor de esta colección, tanto así que fue motivo para que en ellos despertara el interés de hacer una colección propia, queriendo comenzar su trabajo ese mismo año. Pero por causas de la primera guerra mundial y, tras serios acontecimientos políticos en Europa como en el Perú, por temas limítrofes con Colombia, hicieron que los D’ Harcourt retornaran a Francia.
En el año 1919 regresan nuevamente al Perú, con el propósito de trabajar en la recopilación de melodías autóctonas y así empiezan a viajar por todo el Perú. Les llevó 4 años construir su proyecto, llegando a transcribir al francés 204 melodías, recogidas en un 80 % en el Perú, 10 % en el Ecuador y el 10 % en Bolivia. Luego materializaron su proyecto con la publicación de su obra en París, el año 1925, bajo el título La Música de los Incas y sus Supervivencias. Dentro de esa colección folklórica, se hallan tres canciones de las que se han recuperado para este trabajo.Estas canciones son el motivo de este estudio para clarificar el origen de una obra musical peruana que trascendió por el planeta y cuyos títulos traducidos del idioma quechua nos dicen: … (Continuará)

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