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EL CÓNDOR PASA. Amor y Utopía del Mundo Andino. De próxima aparición.

NOTAS  PRELIMINARES.
El Apu Kuntur apostó un día que podía pasar delante para cubrir con sus alas la luz del sol y volando se fue hacia él.


En la cosmovisión andina – más allá de las fronteras- los hombres y las mujeres con sus ancianos y sus niños, sorben de la naturaleza la inspiración de sus existencias y a ella le dedican sus actos, sus convicciones y sus creaciones. En esa cosmovisión de respeto, devoción y equilibrio, los humanos que habitan el mundo, establecen relaciones armoniosas con las plantas, la tierra, el agua, los animales, etc. que van desde el agradecido y no depredante usufructo, hasta la deificación de algunos de ellos. Entre esas deidades está el majestuoso Kuntur (Cóndor en versión castellanizada) dueño de las alturas, protector y Apu de indeclinable veneración. A su paso por los aires sempiternos del ande donde puede planear durante horas con las alas extendidas y volar hasta siete mil metros de altura, se elevan las miradas con admiración y pleitesía, y, a su paso también, se inclinan las cabezas y se agitan pletóricos los vítores, cuando recorre invicto las calles de la comunidades andinas que engalanan las fiestas populares con un Cóndor especialmente traído, a quien tributan las mejores comidas y bebidas y a quien con solemnidad litúrgica despiden, al final de las festividades, tras orlarlo de medallas y rendirle tributo con cánticos, danzas y reverencias.

El Apunchik Kuntur (Nuestro Soberano y Todopoderoso Señor Cóndor), cuya vida terrena fácilmente supera las ocho décadas, suscita en propios y extraños una actitud de natural reverencia y su paso es definitivamente un símbolo de fortaleza, soberanía y libertad; toda vez que, siendo el ave de mayor envergadura en el mundo, vuela también a la mayor altura, y, a despecho del tiempo, se mantiene incólume ya en medio de las corrientes térmicas de aire cálido, ya señoreando sobre el aire álgido de las montañas o atravesando el aire ardoroso del desierto… ya allende los mares, ya en la borrasca o bajo la lluvia. Por eso el hombre del ande que pierde la libertad y se desarraiga de la Madre Tierra, en manos de toda suerte de opresores, en las haciendas o en la minas, en las embarcaciones pesqueras o en la fábricas expoliadoras, lleva en su mente la imagen del Cóndor y ansía asirse de sus alas para recobrar su libre albedrío… en ese sentido, cuando alguien –sobre todo atrapado en la insania de la explotación del hombre por el hombre- divisa el vuelo del ave tutelar, anuncia conmocionado “el Cóndor pasa” y se reafirman sus convicciones de soberanía, justicia y libertad… entonces, el hombre del ande, heredero de una raza formidable, siente que se le agitan la venas y renacen en su sangre su fuerza y su poderío ancestrales.

Así, cuando en 1913 el joven dramaturgo limeño Don Julio Baudouin (que había adoptado el seudónimo de Julio de La Paz o Julio Baudouin y Paz) une su talento a la savia creadora del investigador y maestro músico huanuqueño Don Daniel Alomía Robles, para dar origen a la zarzuela que ha pasado a la historia bajo el nombre de “El Cóndor Pasa”; se amalgamaron las almas gemelas de dos majestuosos cóndores. Baudouin quiso –en primera aproximación- retratar las ansias de libertad de unos mineros explotados y de un amor controversial, pero con maestría le impuso unas dimensiones semánticas aún pendientes de estudio, interpretación y análisis. Alomía Robles, por su parte, ponderando la raigambre pentatónica del ande, compuso la música cuya maestría ha surcado los tiempos y los espacios todos. Era pues, reiteramos, la sumatoria del genio creativo de dos cóndores de alma única y prístina.
Tras los éxitos iniciales de la puesta en escena, De la Paz y Alomía se distanciaron, no se sabe a ciencia cierta por qué, asimismo el texto dramático y la música tomaron rumbos dispares.

Ad portas del centenario de aquel nacimiento, el inquieto, persistente y pertinaz cantautor e investigador huanuqueño Oscar Ramírez Trujillo nos presenta el presente volumen para compartir con nosotros, en una primera entrega (pues ha acumulado basto material de primerísimo nivel que dará sin duda origen a más entregas) el resultado de sus investigaciones a lo largo de muchos años. Podemos decir, sin lugar a dudas, que su lectura permite un acendrado acercamiento a la herencia de Alomía y De la Paz, centrados en la majestuosa obra “El Cóndor Pasa”, transitando por su origen, sus primeros pasos, la dispersión, así como por el análisis literario y musical, para hacernos llegar a la necesidad de volver a hermanar los cóndores en un homenaje nacional e internacional que no puede dejar de acaecer: El cóndor músico tras haber volado por todas las latitudes, se acerca al cóndor dramaturgo que prefirió mantenerse vigilante desde algún abra de la historia. Este renacimiento o re-hermanamiento tiene su punto de partida en la acuciosa obra de Oscar Ramírez Trujillo a quien debemos agradecer su amistad a toda prueba, su enamoramiento con la música andina y –ponderadamente para este caso- su valiosa contribución a la investigación histórica, literaria y musical peruanas, que se plasman en su trabajo “EL CONDOR PASA -100 Años de Creación- Amor y utopía del mundo Andino – Travesía y cercanas distancias”
Por ello, desde un atardecer huamanguino que hace poco degustó Oscar, podemos ver a los cóndores maestros autores de “El Cóndor Pasa” volar junto a su pichón cantor y guitarrero, cuando el sol adopta una tonalidad rojiza y se torna polícromo, despidiéndose en el crepúsculo, para amanecer a partir del celaje, esparciendo su luz entre las cumbres andinas y desde ellas sobre el universo, porque, dada la sincronización de sus energías, desde el inicio, estas dos entidades, tal vez en un principio inconscientes, tuvieron un rumbo paralelo aunque en distinta dirección, de ahí su unidad.

Ahora, con la obra titánica de Oscar Ramírez Trujillo, todo está complejamente ordenado para que estas dos almas puedan coincidir en el tiempo y en el espacio.

Walter Bustamante Hernández.
Indio Enelda II

Huamanga, 09 de julio de 2012
a la hora en que se pone el Sol.

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